Aprendiendo del té

Una nueva faceta de uno de los tés más populares.

Muchos ya están familiarizados con el matcha, con su vibrante color verde y sus beneficios a la salud, pero hoy les voy a contar algunas de las cosas que aprendí al intentar preparar este té en su forma tradicional y que creo pueden cambiar la forma en la que vemos al mundo del té.

No sé nada

Pienso que es un buen inicio; reconocer que no sabemos nada del arte de una ceremonia de té nos hace más humildes, porque honestamente ¿qué se puede saber solo de ver cómo se hace? Las personas capacitadas y certificadas (porque necesitas un certificado de parte de una escuela) para realizar una ceremonia japonesa de té, pasan años practicando dobleces de paños y técnicas de batido con chasen (es un batidor especial, hecho de una sola pieza de bamboo con diferente número de cortes) por lo que reconocer mi muy humilde conocimiento en el tema, fue uno de los aspectos más importantes.

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Diferentes modelos de chasen

Lo hecho con cariño y sin prisa, tiene sus recompensas

Este ha sido un conocimiento extendido del matcha hacia otros estilos de té. Fue durante una ceremonia de té japonesa cuando vi por primera vez que calentaban los cuencos y las teteras antes de infusionar el té. Calentar las herramientas antes de preparar un té es una práctica común si vemos los procedimientos orientales tradicionales, que está ligada con un mejor sabor del té, pero principalmente, se hace para purificar los utensilios y honrar el trabajo de los productores de té y respetar las hojas.

Aunque lo había escuchado mucho, no conocía la diferencia real que hace tomarse más tiempo para tener listo un té y vivir la preparación a través de todos los sentidos. Desde oír el agua correr, sentir las diferentes temperaturas de una tetera o incluso oler un té después de enjuagarlo antes de infusionar (algunas tradiciones de té recomiendan enjuagar las hojas de té en agua caliente para abrir las hebras, es como si fuera una infusión express para preparar las hojas antes de infusionarlas). Parece mentira, pero jugar a que no existe el tiempo mientras preparamos un té, es una de las cosas más gratifcantes y que, en mi experiencia, resultan en los mejores sabores.

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A veces no es la práctica ni la paciencia, a veces se trata de que las condiciones sean perfectas

Me da muchísima pena tener que reconocer que tiré unas 10 tazas de matcha antes de poder espumarlo. Pero aprendí que a veces, más que tener un muñequeo perfecto o batir a velocidad sónica, solo tenemos que confiar en las condiciones que creamos para que las cosas sucedan. Como bien dice el dicho “cuando te toca, aunque te muevas”.

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Y es que la primera vez que pude espumar el matcha, fue cuando seguí el proceso de hacer las cosas sin prisa y siguiendo mis instintos, olvidé las recetas, sentí el agua y solo batí pensando “solo mueve la muñeca”. Aunque suena fácil, dejarse llevar por los sentidos y una corazonada ha sido para mí un verdadero reto pero aprendí que a veces, solo se necesita un poco de suerte para encontrar algo gratificante. Fue como una serendipia, pero causada.

La verdadera gratificación está en lograr y compartir

Es curioso, porque como regla general de todo lo que sale de la cocina, hay que probarlo antes de servirlo y aunque muchas veces busco seguir esa regla cuando cocino o sirvo té, con esa primera taza de matcha espumado, no fue así. Quizá yo sólo quería ver la espuma o quizá basta con sentir que hicimos un buen trabajo, que no necesitamos disfrutarlo nosotros mismos.

De lo que he visto en el mundo del té, es un común denominador que compartir el té es el aspecto más importante, es más importante que el sabor, que la taza, que el tiempo de infusión. Compartir el té es el corazón y la razón por la que existe esta bebida.

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Así pues, con mi bowl de matcha espumado y mi sonrisa de realización, regalé ese primer matcha que me costó sudor y resultó en una muñeca más fuerte. Y en retrospectiva, estoy segura que lo disfruté más que tomarlo yo.

En resumen, aprendí que es cierto, el té nos enseña y nos ayuda a ser mejores cada día a través de detalles sutiles y delicados, como una buena taza de té. El té se trata de compartir, sí, pero también de disfrutar un momento con nosotros mismos, de vernos humildemente, de no ser tan duros con nosotros mismos, de disfrutar del solo hecho de estar en este momento.

¡Platíquenme su experiencia al compartir el té, me encantaría escucharlos! 🍃💕

– Ichi-go ichi-e

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Que orgullo leer lo que escribes eres súper felicidades

    Me gusta

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