Café Budapest Cukaszda

El balance es necesario, tanto en el sabor de un té como en todo lo demás.

¿Cómo poder identificar una experiencia extraordinaria si no hemos tenido una buena y una no tan buena? Decidí que es importante discutir también las experiencias que dejaron cosas que desear, con el fin de poder comparar y guardar las más increíbles en el corazón.

Así pues, el Café Budapest Cukaszda. Ubicado en el segundo piso de una casa en Emilio Castelar, en frente del Parque Lincoln en Polanco, este lugar es extraordinario. Inspirado en las cafeterías del este de Europa, es uno de los lugares más curiosos a los que he entrado: la decoración vintage y el pequeño espacio te hacen sentir en otra época.

Desafortunadamente, aunque vale muchísimo la pena conocer el lugar, el té que probé me rompió el corazón. Pedí un té negro helado con vainilla y almendra cortado con leche, el cual tuve que regresar porque no estaba infusionado y le faltaba sabor. En el segundo intento el sabor mejoró pero, para mi gusto, no estaba rico.

Las razón de esto es la frescura del té. Es importante recordar que aunque el té en hojas sueltas se mantiene fresco por un tiempo considerable (en una lata puede durar hasta 2 años fresco si no está mezclado con otros ingredientes con una “vida de anaquel” más corta) llega un momento en que pierde frescura y sabor. Y justo esto es lo que creo que pasó con mi té porque el sabor no fue agradable, ni tantito, aunque puedo estar equivocada y sólo escogí mal el sabor.

Además, a unos impresionantes $110 pesos por porción, el Café Budapest no entrega lo que vale. Fuera del sabor, pedí mi té para llevar y me lo sirvieron en un vaso de plástico de un litro, de esos en los que sirven los jugos en Wal Mart y le hicieron el hoyo del popote en la tapa con un cuchillo.

Fue una experiencia muy triste, una lástima por el lugar y aún estoy dudando mucho volverme a acercar a probar otro sabor, pero pienso que quizá el fuerte de este Café, sea justamente el café 🙊  Por otro lado, el servicio fue bueno y las personas que me atendieron estuvieron en la excelente disposición de cambiar mi té cuando les dije que no me había gustado e intentaron que me fuera contenta.

Además de los tés, el Café ofrece pastelitos y galletas que no he probado pero están bonitos, entonces quizá regrese algún día para intentar tener una nueva experiencia. Espero que puedan conocer este lugar, porque estéticamente es muy lindo, además de estar en un de los rumbos que considero más bonitos en la ciudad 😊

– Ichi-go ichi-e 

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